Almogrote y potaje de berros en la isla de La Gomera (I)

Barrancos inaccesibles, un sistema de comunicación ancestral y un bosque húmedo y relicto Patrimonio de la Humanidad desde 1986. Son algunos de los valores intrínsecos de los que pueden presumir los habitantes de La Gomera. La isla colombina, tan íntimamente unida al descubrimiento de América, como castigada por los incendios a lo largo de este pasado verano, continúa siendo un lugar un tanto alejado de los grandes movimientos turísticos que sacuden anualmente Canarias. Un lugar que merece la pena conocer despacio, saboreando la conversación con sus vecinos y degustando algunos de los platos que han hecho famosa a su gastronomía, como el potaje de berros, la miel de palma o el almogrote.  

EL PESCANTE DE HERMIGUA

Huelva no es el único lugar de España en el que existe una población con el nombre de Lepe. A pocos kilómetros de Hermigua, desafiante frente a un acantilado que se precipita sobre el océano Atlántico, se alza el caserío del mismo nombre perteneciente al municipio de Agulo. La localidad onubense continúa instalada en una buena parte del imaginario popular como sinónimo del sinsentido y la ignorancia en la manera comportarse de sus habitantes. Un prejuicio, afortunadamente, bastante alejado de la realidad, que se ha ido difuminado con el paso del tiempo y que tuvo su traslación en Canarias a la isla de La Gomera. Quizás, por esta semejanza lingüística entre los dos Lepes, el andaluz y el canario, hubo un tiempo en el que también proliferaron los chistes sobre gomeros. Esas gracietas chispeantes que en realidad lo único que hacen es darnos pistas sobre el atraso acumulado a lo largo de los siglos por sus habitantes, debido al aislamiento impuesto por una complicada orografía.Y es que La Gomera no es otra cosa que un gigantesco paredón rocoso, con forma de disco, que sería inexpugnable de no ser por una veintena de barrancos por los que que se abre a la aguas del océano. Por mar se supone que llegaron sus primeros habitantes, los guanches, oriundos de Marruecos, y por mar también llegaron los conquistadores españoles que se asentaron en la isla en el siglo XV. También por mar llegaron los primeros ecos modernizadores a este pedazo del territorio canario, situado a occidente de Tenerife. Sin una carretera asfaltada que comunicara rápidamente con el principal embarcadero de La Gomera, el de San Sebastián, la costa norte de la isla fue testigo a principios del siglo XX de la aparición de unas singulares estructuras de cemento, piedra y metal, bautizadas con el nombre de pescantes. Aquellas instalaciones portuarias, ancladas en sus imponentes acantilados, se convirtieron en un aliado de primer orden para dar salida inmediata hacia los mercados europeos de la entonces pujante producción de plátano y tomate. También permitieron a sus habitantes abandonar aquella isla de la que muchos de ellos nunca habían salido. Viendo como se las gasta el mar por esta parte de La Gomera debía ser casi heroico subirse a las canastillas de aquellos artilugios para ser depositado por vía aérea en una barcaza, a la que aún le quedaba una complicada navegación sorteando las agitadas aguas para alcanzar aquellos vapores anclados a centenares de metros de la costa, a los que luego había que ser izados. Esas fuerzas de la naturaleza, que sacudan casi constantemente el litoral de la parte septentrional de La Gomera, terminaron por arruinar a mediados de los años cincuenta los pescantes de Agulo y Vallehermoso. El de Hermigua subsistió unos años más. En 1949 se construyó la carretera hasta San Sebastián y seis años después comenzó a ser operativo el muelle de esta población. Aquellas mejoras en las comunicaciones hicieron que este pescante fuera languideciendo hasta convertirse hoy día en un bella estampa para todos aquellos que se aventuran a contemplar una puesta de sol desde la costa de Lepe. Aun en la distancia que separa ambos puntos, el viajero puede admirar la solemne majestuosidad de sus cinco pilares. Unas moles de piedra que parecen anhelar la cercanía de esos transbordadores que cada tarde pasan a unas millas de la costa en dirección a la isla de La Palma.  Si uno no ha quedado saciado con esta visión, dominada por el telón de fondo de la cima del Teide, es conveniente acudir a la mañana siguiente hasta la base misma de su estructura, para contemplar los restos del primer pescante, levantado en 1907, así como los cuatro grandes pilares de un segundo que empezó a levantarse junto a él en los años veinte y que quedó inconcluso como consecuencia del crack económico del 29 y de la posterior Guerra Civil española.  Como si Hermigua siempre quisiese tener presente aquellos años de esplendor económico, a sus pies se levantan ahora las piscinas naturales de la localidad. Ese charco de sal marina es hoy día uno de los lugares más populares de la población y, desde luego, una cita ineludible para habitantes y visitantes que quieran bañarse en esta costa sin necesidad de exponerse al oleaje de la cercana playa de arena negra y piedras volcánicas del municipio. Eso sí, conviene tener cuidado para evitar las zonas más resbaladizas, por las que dicen que tienen especial querencia todos aquellos viajeros que se acercan por primera vez hasta este lugar.

AGULO, EL CASCO HISTÓRICO MEJOR CONSERVADO DE LA GOMERA

Todos los caminos en La Gomera conducen indefectiblemente a San Sebastián. Su puerto sigue siendo la principal puerta de entrada a la isla. Una condición que ni siquiera ha conseguido arrebatarle el aeropuerto inaugurado en 1999 en las cercanías de Playa Santiago y al que solo llegan vuelos regulares de la compañía Binter desde Tenerife y Gran Canaria. Cualquier persona que viaje hasta La Gomera iniciará su conocimiento de la isla por la Villa. Eso a menos que uno llegue de noche y que haya escogido como lugar de descanso algún alojamiento rural en Hermigua, en cuyo caso dejará esta visita para el final del trayecto. Dicen que Hermigua es el valle más bonito de La Gomera y uno no puede por menos que estar de acuerdo con esta afirmación, sobre todo cuando se levanta por la mañana con el sonido del canto del gallo y mira hacia a las alturas para contemplar el lejano bosque de laurisilva que se va desparramando por sus laderas. A medida que las pendientes se suavizan, esta alfombra verde se va transformando en una sucesión de palmeras, plataneras, viñas, mangos, cañaverales y papayas, muchas veces cultivados en bancales, que proporcionan una inestimable personalidad a este valle. Los cultivos agrícolas siguen siendo la principal riqueza de Hermigua. Camiones con un sabor añejo siguen transportando las piñas de plátanos a la cooperativa antes de ser empaquetadas para la Península. El antiguo molino de gofio se ha transformado en un tienda de recuerdos con precios hinchados, solo aptos para extranjeros, aunque sigue operando otra pequeña fábrica unos cuantos metros más abajo. Es todo un placer acercarse hasta ella para saborear el delicioso olor del millo tostado y molido. Un producto que los antiguos guanches elaboraban con cebada y que fue poco a poco enriqueciéndose al mezclarse con centeno, trigo o el maíz traído de América. Gracias a este alimento, los canarios pudieron llegar a sortear años de penurias y hambrunas como los habidos al término de la Guerra Civil, en los que las carencias propiciaron el alumbramiento de un gofio a base de arvejas (guisantes) en lugares como la isla de Lanzarote. Aquel extraño gofio, fruto de la necesidad, no tuvo continuidad en el tiempo y me pregunto si alguna vez llegaron a tener noticias de él los vecinos de Hermigua en aquella década de los cuarenta. Pregunto aquí y allá a algunos ancianos que encuentro por el camino, pero de lo único que parecen acordarse es de que en esos años volvió a abrir sus puertas el convento de San Pedro Apóstol, tras años de abandono. El convento fue fundado por fray Antonio del Espíritu Santo y fray Xenón de Clavijo, dos religiosos dominicos a los que se cedió en posesión una antigua ermita, alrededor de la que fueron creciendo las instalaciones del cenobio. Caído en el olvido a partir de la Desamortización de Mendizábal, en 1821, el convento es hoy día uno de los principales atractivos de la localidad.

Cierto es que no son demasiadas las visitas que reciben sus recoletas instalaciones, ubicadas junto a una coqueta plaza, lo que lejos de ser un castigo, no es sino un aliciente más para acercarse a su iglesia y extasiarse con la contemplación de los retablos de la Virgen del Rosario, San Vicente Ferrer o de la Virgen del Carmen. Mención aparte merece la imagen de San Pedro, emplazada en el retablo mayor. De ella se dice que pudo ser la misma que estaba ubicada en la primitiva ermita levantada en 1598, aunque este extremo nunca ha llegado a ser confirmado. A los vecinos de la localidad que mantienen su fe en el santo parece que les importe poco este dato. Tampoco a los habitantes de la cercanas localidades de Vallehermoso o Agulo que también acuden al convento cada 29 de junio para festejar al guardián de las llaves del cielo. En este último municipio no se celebra a San Pedro, ni falta que les hace. Allí sus gentes siente verdadera devoción por la virgen de La Merced o San Marcos. A este último está dedicada la iglesia de la localidad, una edificio encalado de pequeñas cúpulas que recuerda a la iglesias de Oriente. El templo data de 1912 y permanece con una de sus torres desmochadas. Fue construido bajo la dirección del arquitecto Antonio Pintor sobre la base de una antigua ermita, que resultó muy dañada por unas riadas en 1770 que obligaron a hacer constantes trabajos de reparación en los años venideros, hasta que fue definitivamente cerrada al culto en los primeros años del siglo XX. Me cuentan que entre este cierre y la apertura del nuevo edificio, los oficios religiosos fueron trasladados al Casino de la localidad, el lugar donde se reunían las grandes propietarios locales que en esos años hicieron fortuna con la exportación del plátano. Gracias en buena medida a la riqueza que trajo esta fruta, en Agulo se levantaron algunos de los más interesantes ejemplos de arquitectura civil que existen en la isla de La Gomera. Es todauna delicia pasear por sus calles empedradas siguiendo un itinerario elaborado por el Ayuntamiento que permite visitar los elementos más destacados de los tres barrios que conforman esta localidad (El Charco, Las Casas y La Montañeta). Para hacer más agradable el trayecto, el Consistorio ha instalado cada pocos metros unos bancos de madera roja, con grandes maceteros a los lados y una pérgola del mismo material por la que crecen las buganvillas. Los bancos invitan al descanso antes de abandonar el casco histórico mejor conservado de La Gomera, un recinto potenciado hace unos años con la recuperación de la casa del pintor José Aguiar, que aunque nacido en Cuba, fue bautizado en esta localidad gomera. Aguiar es quizás uno de los mejores pintores que ha dado las islas Canarias, aunque su figura está un tanto denostada por haber sido retratista del general Franco, al que sobrevivió un año, antes de fallecer en Madrid en 1976.

ALOJERA: ALMOGROTE, MIEL DE PALMA Y LITERATURA POR INTERNET

La salida de Agulo en dirección a Vallehermoso es todo un espectáculo. La carretera va zigzagueando frente al auditorio natural que conforma la depresión semicircular ante la que se asienta el municipio. Si uno tiene tiempo también puede acercarse hasta el mirador de Abrante para hacer la última fotografía de la localidad con la isla de Tenerife al fondo, sino lo mejor que puede hacer es prepararse para un recorrido lleno de constantes subidas y bajadas, en los que difícilmente podremos hacer que nuestro coche pasa de tercera. Aún con las curvas, el viaje es especialmente agradecido desde el punto de vista visual. Sobre todo cuando uno atisba la llegada a Vallehermoso con la imponente figura del Roque Cano que vigila la localidad. Este pitón fonolítico es, junto al Roque Blanco, la Fortaleza de Chipude y Los Órganos uno de los grandes atractivos geológicos de la isla, testigos de un pasado volcánico apagado hace 22 millones de años. Apenas nos demoramos en Vallehemoso. Los suficiente para darnos una vuelta por la iglesia de San Juan Bautista y tomar un refresco en su plaza principal. Junto a ella, un poste informativo recuerda los sucesos del fogueo de Vallehermoso de julio de 1936, cuando un grupo de guardias civiles, apoyados por sindicalistas y obreros hicieron frente a los soldados alzados en armas del general Franco. Las tropas apoyadas por falangistas doblegaron a los defensores del orden constitucional republicano, en lo que fue uno de los escasos ejemplos de resistencia habidos en las islas durante la Guerra Civil. No se si para contrarrestar este simple ejemplo de rehabilitación histórica de aquel puñado de habitantes que lucharon para salvaguardar la legalidad establecida, un bar cercano exhibe sin reparos la portada de un periódico antiguo en el que se ensalza con gran tipografía a la figura del Generalísimo. Una pareja de jóvenes alemanes me señala la página amarillenta y se muestra sorprendido de que en España se pueda hacer una apología semejante de un dictador. Eso, me dicen, esta complemente prohibido en su país y puede ser objeto de algo más que una multa, a lo que respondo que quizás aquella dictadura ha dejado muchas heridas en España que todavía no han cicatrizado, sobre todo en pueblos pequeños como Vallehermoso y que, probablemente, todavía se necesita una generación más para que la herida no supure.

Desde Vallehermoso la carretera principal conduce a Arure y al Parque Nacional de Garajonay. Poco antes de entrar en los límites del principal espacio verde de la isla, la vía se bifurca en dirección a Alojera. Poca gente que se acerque hasta La Gomera tendrá entre sus prioridades una visita a este pueblo, que incluso también parece olvidado por las autoridades locales. La carretera es realmente mala y pronunciada. Toda ella serpentea por un paisaje cada vez más seco y descarnado, en el que las únicas manchas verdes son los grupos de palmeras que se suceden por el camino. El lugar tiene cierto atractivo. Recuerda incluso a algunos pueblos del cercano Marruecos, aunque los restos de estos árboles quemados le dejan a uno una cierta desazón al llegar a la pequeña población. Ni siquiera este lugar alejado y seco de la isla parece que haya podido escapar de la ola de incendios de este verano, en la que han quedado arrasadas 2.830 hectáreas de la superficie vegetal de la isla, 734 de ellas en el Parque Nacional de Garajonay. Alojera realmente tiene poco que ver. Casas separadas aquí y alláDSC04433(1) construidas sin ningún tipo de orden ni concierto, aunque resulta todo un paraíso para los amantes de dos de los productos más característicos de la isla: el almogrote y la miel de palma. Este pueblo es uno de los principales centros de elaboración de ambos alimentos. El primero es una especie de paté elaborado con queso y pimienta de la que se ofrece más abajo una receta. El segundo una miel poco convencional elaborada con la savia cocida de la palmera canaria, lo que aquí se denomina guarapo. Anteriormente se producía en todas las islas, aunque hoy en día su ámbito ha quedado tan solo reducido al norte de La Gomera. Más digestible, dicen, que la miel convencional, sin ningún tipo de azúcar añadido y con un contenido superior en minerales como el hierro, el fósforo o el magnesio, la miel de palma resulta especialmente recomendable para elaborar cualquier tipo de postre.

Una visita a Alojera no podría dejar de estar completa sin acercarse hasta la cercana playa del municipio. Apenas a un par de kilómetros, la playa es una estrecha lengua de arena y piedras negras sobre la que se precipita inmisericorde el océano Atlántico. Sobre ella se levanta una decena de casas y edificios bajos de apartamentos blancos con tejados relucientes de tejas nuevas y persianas azules y de otros colores. En uno de los extremos, desde donde parte el espigón que atenúa las olas, la mano del hombre ha construido una diminuta piscina artificial en la que uno puede darse un pequeño baño. Visto desde este lugar, el conjunto tiene un evidente encanto. Quizás lo aislado del lugar, la furia de los elementos…no sé. De todas maneras, estando en el sitio, uno puede llegar a comprender que el escritor austriaco Daniel Glattauer llegase a sentirse fascinado por este lugar, hasta tal punto de ambientar aquí el momento culminante de su obra “Cada siete olas”, el libro que pone definitivamente el punto y final a la historia de amor a ciegas iniciada a través del correo electrónico por los personajes de Leo Leike y Emmi Rothner en “Contra el viento del norte”. Nada mejor para terminar esta primera parte de este recorrido por La Gomera, que ese pasaje del libro, ambientado en este apartado lugar de La Gomera:

Hola, Leo:

Estoy sentada en mi balcón de Playa de Alojera, en la isla de La Gomera, y más allá de la bahía rocosa, con sus oscuras manchas de arena y sus blancas lenguas de sal espumosas, mi mirada se adentra en el mar hasta la línea horizontal que divide el azul claro del oscuro, el cielo del agua. No sabes lo bonito que es esto. Tenéis que venir a conocerlo sin falta. Este sitio es ideal para los enamorados. ¿Por qué te escribo? Porque me apetece. Y porque no quiero esperar en silencio la séptima ola. Si, aquí cuentan la historia de la indómita séptima ola. Las primeras seis son previsibles y equilibradas. Se condicionan unas a otras, se besan unas a otras, no deparan sorpresas. Mantienen la continuidad. Seis intentos, por más diferencias que parezcan vistos de lejos, seis intentos…y siempre el mismo destino. Pero ¡cuidado con la séptima ola! La séptima es imprevisible. Durante mucho tiempo pasa inadvertida, participa en el monótono proceso, se adapta a sus predecesoras. Pero a veces estalla. Siempre ella, siempre la séptima. Porque es despreocupada, inocente, rebelde, barre con todo, lo cambia todo. Para ella no existe el antes, sólo el ahora. Y después todo es distinto. ¿Mejor o peor? Eso solo pueden decirlo quienes fueron arrastrados por ellas, quienes tuvieron el coraje de enfrentarla, de dejarse cautivar”.

 LA RECETA DEL ALMOGROTE

El almogrote es uno de los platos más conocidos de la cocina de la isla. Una delicia culinaria, solo apta para paladares acostumbrados al picante. El producto se elabora en la mayoría de los hogares de La Gomera de manera casera, aunque también se pueden encontrar en las tiendas un almogrote envasado en pequeños tarritos como los del paté, que no desmerece al tradicional.

 Ingredientes:

  • Medio kilo de queso muy curado. Lo ideal es que fuera de La Gomera, aunque más allá de las islas resulta realmente difícil encontrarlo. Con un queso manchego nos bastará.
  • Tres o cuatro dientes de ajo.
  • Una guindilla roja seca que pique.
  • Pimentón.
  • Entre 100 y 150 centilitros de aceite de oliva virgen extra. En las islas se puede intentar utilizar algún aceite de oliva elaborado en Gran Canaria para hacer el producto más genuino. En el resto del territorio español bastará con utilizar cualquier aceite suave de origen andaluz.

Elaboración:

  1. Cogemos el queso y los rallamos. Si carecemos de un rallador, lo podemos cortar en pedazos muy finos.
  2. Pelamos los ajos y los añadimos a un mortero junto con la guindilla roja, cortada en pequeños pedazos y sin semillas. Para aquellas personas no muy amantes del picante es suficiente con media guindilla También se puede eliminar este producto y utilizar simplemente pimentón picante. Lo machacamos todo.
  3. Añadimos el queso y el pimentón y lo volvemos a machacar todo.
  4. Finalmente, mezclamos los ingredientes con el aceite y removemos hasta que queden íntimamente ligado formando una especie de paté para untar sobre rebanadas de pan o con papas. Hay gente que opta por utilizar la batidora para mezclar todos los elementos y conseguir así un almogrote más cremoso.

 (Continuará)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s