Patatas al ajillo o aperitivo anticrisis

Las patatas fritas nos gustan a todos. Pones un plato en el centro de una mesa y vuelan. Pero podemos darles un poco de gracia y hacer que nuestros invitados disfruten con algo tan sencillo. Éstas que os proponemos son unas patatas fritas aderezadas con algo de ajo, perejil y limón. También se puede hacer con un vino en lugar del limón. Es cuestión de probar a ver cómo os gusta más. Fácil, barato y rico. Sigue leyendo

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Almogrote y potaje de berros en la isla de La Gomera (III)

ValleGranRey17El caserío del Cedro y San Sebastián están separados por unos 25 kilómetros de constantes subidas y bajadas. Atravesando este quebrado paisaje uno alcanza a comprender como llego a prosperar ese peculiar sistema de comunicación humano que es el silbo gomero. Si Garajonay es el gran patrimonio físico de la isla, el silbo es su gran tesoro cultural. Así lo ha entendido la propia Unesco, que en 2009 lo elevó a la categoría de Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. El silbo era usado por los aborígenes canarios antes de la llegada de los españoles. Luego éstos lo adaptaron para comunicarse a través de barrancos, fortalezas y degolladas. El silbo emplea seis sonidos básicos, dos vocales y seis consonantes con los que se pueden expresar hasta cerca de cuatro mil conceptos. Dicen los expertos que puede escucharse a tres kilómetros de distancia. Hoy día vive un nuevo renacer en la isla, después de que el Gobierno canario estableciese su aprendizaje obligatorio. La mayor parte de los alumnos que aprenden este lenguaje en los niveles de Secundaria y Primaria lo hace en San Sebastián. En la capital de la isla se concentra cerca de la mitad de los algo más de 23.000 personas que viven en La Gomera. San Sebastián o ‘La Villa’ tiene pintas de poblachón, en el que parece que el tiempo se haya detenido, especialmente en las horas del mediodía, cuando el único ruido que le llega a uno es el de la gente que retoza en las arenas negras de su playa. Paseo por la calle Real, donde para mi sorpresa un restaurante ofrece su carta en cirílico, lo que viene a confirmar la cada vez mayor pujanza del turismo ruso en Canarias. Miró en su interior, pero parece que ya ha pasado la hora de los eslavos. Así que me decido por otro más sencillo, Breñusca, donde en esos momentos se establece una animada conversación entre un par de periodistas llegados para cubrir el incendio y un pequeño grupo de vecinos de San Sebastián. Entre unos y otros buscan culpables de la catástrofe. La voz del pueblo, como siempre, es sabia: el principal responsable del fuego es la persona que encendió la cerilla que ha arrasado 2.830 hectáreas en toda la isla. “De todas maneras, la tragedia podría haber sido menor si los dirigentes políticos hubieran actuado correctamente”, dice uno. Para eso, recuerda otro, el Cabildo de La Gomera no debía de haber bajado el nivel de alerta a la hora de combatir el fuego cuando éste todavía no se había controlado, el Gobierno de Canarias tendría que haber tenido contratados aviones especializados en la lucha contra los incendios como hacen otras comunidades durante los meses estivales y el Gobierno de España haber enviado sin dilación los hidroaviones de su competencia viendo como se estaba quemando un Parque Nacional. “Nada de eso se hizo y ahora habrán de pasar de decenas de años para que esto vuelve a parecerse a lo que era a principios del verano”, concluye. Todas estas reflexiones me dejan un poso amargo, que ni siquiera es capaz de endulzar el helado de gofío con el que he rematado la comida. Vuelvo a la calle Real y visitó los principales hitos arquitectónicos de la ciudad: el edificio de la Aduana, donde se encuentra el Pozo de la Aguada del que Cristóbal Colón sacó el agua para sus barcos en su última escala antes de descubrir América y la iglesia de la Asunción, en la que supuestamente rezó el almirante antes de emprender el viaje. Intento visitar la Casa Museo Colón y el Museo Arqueológico de La Gomera, pero ambos se encuentran cerrados, así que encaminó mis pasos hacia la torre del Conde, el edificio militar más antiguo de todas la islas Canarias. La torre, de quince metros de altura, fue construida entre 1447 y 1450 y su historia va íntimamente ligada a la rebelión de los gomeros contra el poder despótico de Hernán Peraza el joven, al que asesinaron después de que se enamorara de la bella aborigen gomera Iballa. En la torre se refugiaron los nobles castellanos y la mujer de Hernán Peraza, Beatriz de Bobadilla. Allí aguantaron, en 1488, las acometidas indígenas, hasta que una expedición al mando del gobernador de Gran Canaria, Pedro de Vera, acabó con la resistencia de los gomeros. La derrota de los aborígenes desencadenó una cruel represión que terminó con el ajusticiamiento, la esclavitud o la deportación de una gran parte de ellos, a pesar de las quejas de la Iglesia y de la reina Isabel la Católica. Resulta difícil imaginar aquel violento hecho histórico rodeado ahora por la tranquilidad que se respira en el parque en el que se encuentra enclavada la torre. En este oasis de césped, rodeado de flamboyanes, palmeras y ficus, descansan ahora turistas y lugareños, mientras un par de atletas hace kilómetros alrededor del camino que lo bordea. La tarde cae, aunque el calor no parece que remita. Llega el momento de tomar el barco que nos devolverá a Tenerife. Es el fin a este periplo por La Gomera, aunque como dice José Saramago en su libro Viaje a Portugal, “el fin de un viaje es solo el inicio del otro”, aunque éste nos devuelva al mismo lugar, en otra estación del año. Sigue leyendo

Ensalada de langostinos

Fresquita, natural, sabrosa y muy saludable. Esta ensalada es tan completa que casi te servirá de primer plato. La probé en Navidad en casa de unos amigos y fue un estupendo comienzo de una cena de platos variados que iban tomando consistencia uno tras otro… Por eso, esta ensalada para abrir boca fue todo un acierto. Sigue leyendo

Almogrote y potaje de berros en la isla de La Gomera (II)

ValleGranRey13El regreso desde Alojera es ciertamente penoso. No hay más remedio que desandar el camino hecho por un sinfín de curvas. A duras penas, el conductor podrá poner su vehículo en tercera, antes de alcanzar otra vez la carretera principal que comunica Vallehermoso con Arure. Entramos por primera vez en el Parque Nacional de Garajonay. La laurisilva, los brezos y las fayas cubren por completo algunos tramos de carretera, creando una cúpula vegetal que rebaja en varios grados la temperatura ambiental. La ola de calor que azota La Gomera se hace aquí un poco mas soportable. Sorteamos carreteras cortadas por los incendios hasta llegar finalmente al pueblo de Las Hayas. Aquí, el fuego ha quemado la parte alta de localidad, arrasando gran parte de su vegetación. A pesar todo, los efectivos contra incendios han conseguido sofocar las llamas antes de que pudieran cebarse con alguna de las casas. Seis días, nos dicen, han estado fuera de su hogar los habitantes de La Hayas, antes de que se les permitiera regresar después de haber sido evacuados. “Me marché casi con lo puesto hasta Valle Gran Rey”, nos dice Efigenia Borges con un pequeño hilo de voz. “Estuve viviendo en el coche en el que escapamos, hasta que una conocida me fue a buscar e insistió para que me fuera a pasar esos días a su casa”, dice. Efigenia es unos de los personajes más conocidos de La Gomera. Su restaurante, La Montaña, es un centro de peregrinación gastronómica para todos aquellos que visitan la isla. Aquí parece hacerse realidad aquella famosa frase del poeta gomero Pedro García Cabrera de que “La cocina es el sexo de la casa”. Gracias a una gastronomía casera, basada en los productos vegetales que se cultivan en los alrededores, Efigenia sigue enamorando los paladares de decenas de personas. Su receta es bien sencilla: un menú único con almogrote y ensalada de primer plato y potaje de berros, con escaldón de gofio, de segundo. De postre un pequeño pastelito. Una auténtica delicia para los amantes de la cocina vegetariana que, además, puede verse aderezada por la conversación de la propia Efigenia, quien a pesar de su avanzada edad, ejerce como una entrañable relaciones públicas de su restaurante, de sus apartamentos rurales y de los productos que elabora y embotella ella misma. “Nunca he estado en La Palma y tampoco en El Hierro. Y eso que todos los días me levantó y miró hacia ellas para ver que tiempo va a hacer”, confiesa esta emprendedora, mientras un par de camareros asiáticos sirven las mesas cubiertas con manteles de plástico de color verdoso. “Apenas he viajado a la Península. Casi toda mi vida la he pasado en esta isla”, dice Efigenia. La enjuta anciana, de pelo corto y muy negro, pasea la vista por las paredes y vitrinas de su restaurante, donde se acumulan decenas de reseñas de periódicos extranjeros, además de fotografías de visitantes ilustres. “Todos han sido muy buenos conmigo”, dice, aunque recuerda con especial cariño uno de los episodios televisivos de “Un país para comérselo” que grabaron entre estas paredes los actores Imanol Arias y Juan Echanove. Antes de partir, Efigenia me regala almendras y ciruelas. A cambió prometo enviarle alguna de las fotografías que le he hecho. “¡Ah! y si vuelve por aquí, no olvide visitar mi página en internet para ver los apartamentos”. Sigue leyendo