Patatas fritas: una pasión belga

Chocolates, cervezas y mejillones componen los alimentos básicos que cualquier turista que acuda a Bélgica estará a obligado a probar durante los días que prolongue su visita. El cuarto producto que no podrá evitar son sus deliciosas patatas fritas que venden en cualquiera de los puestos ambulantes que aparecen repartidos por todas las ciudades del país. Aquí os ofrecemos cinco claves para entender la pasión que sienten belgas y extranjeros por las patatas fritas que se elaboran en este país.

1.- ¿Quiénes fueron los inventores de las patatas fritas? Belgas y franceses se adjudican el honor de ser los descubridores de este sencillo plato. En Bélgica, una leyenda de 1781 sitúa el nacimiento de las patatas fritas en la región valona de Namur. Allí, sus habitantes se alimentaban con pequeños peces que pescaban en las aguas del río Mosa a lo largo de todo el año, excepto en los meses de invierno. Durante las semanas más gélidas de esta estación, el río permanecía helado, de manera que era imposible la pesca. Es por eso que los habitantes de la zona empezaron a sustituir estos peces por bastones de patata que semejaban su forma y tamaño y que cocinaban fritos, como anteriormente hacían con el pescado. Los franceses, por su parte, sitúan el origen de las patatas fritas en 1789 en París, con los comerciantes ambulantes que cocinaban este producto sobre sus rudimentarios braseros instalados en el Pont Neuf.

2.- ¿Por qué las patatas fritas se llaman ‘french fries‘ en inglés? La teoría más aceptada sitúa el origen de este término a lo largo de la Primera Guerra Mundial. Una de las escasas cosas positivas que tuvo este conflicto, del que ahora se cumplen cien años, es que contribuyó a familiarizar a los combatientes con determinados estilo de vida de sus compañeros de trincheras, que luego se encargarían de difundir en sus países de origen. A lo largo de estos obligados contactos, los soldados británicos se dieron cuenta de que sus aliados en el frente franco-belga aprovechaban los descansos entre batalla y batalla para alimentarse de patatas de fritas. Como sus conocimientos de francés eran bastante escasos, los británicos confundieran a los militares belgas con soldados franceses. De ahí que las patatas fritas sean conocidas como ‘french fries‘. Otra teoría, por el contrario, atribuye este nombre al verbo inglés ‘to french‘, que significa cortar en pedazos. Así, el término, no sería nada más que una abreviatura de patatas cortadas y fritas.

3.- ¿Qué hace diferentes a las patatas fritas belgas? Su proceso de elaboración único y con productos exclusivamente de la tierra. Las patatas fritas belgas se elaboran con variedades exclusivamente del país (Charlotte, Nicola, Plate de Florenville, Ratte…) que se lavan previamente y que después de secarse se cortan en pedazos de aproximadamente un centímetro. A continuación, las patatas se calientan en aceite a 150 grados para que se hagan por dentro. Patatas fritas en Maison AntoineLas recetas más tradicionales utilizan grasa de buey en este proceso, aunque cada vez está más extendido el uso aceites vegetales como el de girasol, que consiguen un producto menos auténtico, aunque con menos calorías. Una vez superada esta primera parte del proceso, las patatas se retiran y se dejan reposar al menos cinco minutos. Luego se vuelven a freír por segunda vez, a unos 180 grados, hasta que adquieran su definitivo color dorado. Finalmente, las patatas se sirven en un cucurucho de papel o sobre un cartón, para que absorban el exceso de grasa, acompañadas de cualquiera de la decena de salsas que existen para aderezarlas.

4.- ¿Dónde se pueden adquirir la ‘frites’ belgas? En cualquiera de las ‘baraques à frites‘ que existen en Valonia o en los ‘frikots‘ de Flandes. Estas casetas o puestos, ya sean fijos o ambulantes, se encuentran repartidos por las principales calles, plazas o estaciones del país. Se calcula que existen más de cinco mil en toda Bélgica. Otro lugar interesante es el ‘Friet Museum’ de Brujas. El centro se encuentra ubicado en un edificio del siglo XIV, en el que se hace un recorrido por la historia de la patata y por el origen de las patatas fritas. Como no podía ser de otra manera, la visita debe acabar con una
degustación del producto.

Quiosco de patatas fritas en Brujas

5.- ¿Quién elabora las mejores patatas fritas en Bélgica? Si quiere probar el sabor de las ‘frites’ belgas en todo su esplendor, lo mejor es acudir a Maison Antoine (Place Jourdan, 1), en Bruselas. Lo que empezó siendo un quiosco ambulante en 1948 se transformó en los años noventa en un puesto fijo al que peregrinan a diario los habitantes de la ciudad y los empleados de la Comisión y del cercano Consejo Europeo para probar las mejores patatas fritas del país. El cucurucho grande, envuelto en tres capas de papel,
cuesta 2,7 euros, a los que hay que añadir los sesenta céntimos de la salsa (no os perdáis la variedad andalouse). Como es habitual, no existen sillas ni mesas para sentarse a comer. Pero no se preocupe. Puede ocupar cualquiera de los veladores de los bares de al lado para degustar las patatas fritas, a cambio de una consumición. Para quien esté más interesado en la historia de esta leyenda de las patatas fritas, lo mejor es acudir a su página web (maisonantoine.be), donde se hace un repaso por su trayectoria: desde los personajes famosos que las han degustado (la familia real belga o el rockero Johnny Halliday, entre otros), a alguna de la películas que han utilizado el quiosco como escenario o al artículo del New York Times que consagraba su producto como “the best french fries of the world”. Otros sitios interesantes para adquirir una ración de patatas fritas son Fritland (Rue Henri Maus, 49), en uno de los laterales de la Bolsa de Bruselas o los dos quioscos verdes que se encuentran justo debajo del Belfort, en la plaza del Markt, en Brujas.

Maison Antoine. Bruselas

Autor: José Antonio Gallego

* La fotografía pequeña está extraída de la página web de Maison Antoine

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