El Bazar de las Especias de Estambul

Bazar de la Especias de EstambulEl Bazar de las Especias es uno de esos lugares de Estambul al que uno siempre tendría que ir, aunque fuera en un viaje rápido a esta ciudad. Además de ser uno de los mercados más antiguos de Estambul, lo que ya de por sí lo hace merecedor de una visita, este lugar es el sitio ideal para la adquisición de dulces, frutos secos, curry, cayena, cardamomo, azafrán, cúrcuma o las más inimaginables variedades de té o de infusiones elaboradas con hibisco, rosa o jazmín, algunas de las cuales pueden llegar a alcanzar las 200 liras turcas el kilo (más de sesenta euros). A este mercado cubierto con forma de L los turcos los denominan Bazar Egipcio (Mısır Çarşısı), ya que fue terminado en 1664 por arquitecto jefe imperial otomano Mustafa Ağa con los impuestos procedentes de El Cairo. El edificio fue levantado con el objetivo de financiar con sus beneficios a la cercana Mezquita Nueva (Yeni Cami) y al principio recibió el nombre de Mercado Nuevo o Mercado de la Valida, en honor de la madre del sultán Mehmet IV, Turhan Hadice, impulsora de la conclusión de todo este complejo religioso, iniciado cerca de setenta años atrás. El mercado nació para centralizar el comercio de especias, aunque también para la venta de hierbas con los que elaborar todo tipo de complejos medicinales para aliviar las penalidades del cuerpo humano. El Bazar de las Especias sufrió dos grandes incendios en 1691 y 1940, de manera que lo que podemos ver hoy en día es una aproximación lo más cercana posible a aquel proyecto original. Aún así merece la pena atravesar alguna de sus seis puertas para adentrarse en cualquiera de sus dos alas para hacer unas compras. Por lo general, los puestos que se encuentran más cerca de las entradas son los más caros, aunque también suelen disponer de productos de más calidad. Merece la pena recorrer las cerca de noventa tiendas que lo componen para ir comprobando los precios. Los dueños no suelen ser nada agresivos, aunque como es habitual, si nos ven merodear durante mucho tiempo nos preguntarán si queremos algo en cualquiera de los idiomas que manejan. Otra opción es acercarse a los puestos que existen fuera del mercado, que son muchos más baratos, aunque no suelen envasar al vacío, lo que puede convertirse en un pequeño problema a la hora de viajar, en el caso de que uno sea un maniático de los olores. Como pequeño consejo os recomiendo que vayáis a la tienda que tiene el fabricante Hazer Baba junto a la puerta de la calle de Hasircilar. Buen material, servicio rápido y profesional y un catálogo amplio de productos, entre ellos, su apreciadas delicias turcas, muy parecidas a nuestras a gominolas, y que también son conocidas con el nombre de lokum. Apenas a diez metros de allí, aunque ya fuera del bazar, se encuentra el Kurukahveci Mehmet Efendi, la casa de café más famosa de Estambul, donde se pueden comprar paquetes o botes de café, de cuarto, medio o un kilo, después de hacer una pequeña cola. El café turco es oscuro y fuerte, aunque sigue estando por detrás del té en cuanto a las preferencias de los habitantes de Estambul y del resto del país. Vale la pena llevarse un paquete a casa para saborear a la vuelta con las tradicionales delicias turcas o los omnipresentes baklava, esos hojaldres dulces rellenos de frutos secos y cubiertos de almíbar, tan típicos de los Balcanes a Oriente Medio y que pueden encontrarse por todo Estambul. Tengo una amiga que viaja frecuentemente a la ciudad y que me explica que lo más sensato es comprar cualquiera de los productos que se encuentran en este bazar en un supermercado. Son más baratos y están perfectamente envasados, me dice. Supongo que tiene razón, aunque desde luego, quién podría resistirse a comprar en un mercado con más 350 años de historia que siguen llevando los descendientes de aquellos comerciantes que traficaban con los productos procedentes de la Ruta de la Seda, para hacerlo en uno de esos asépticos y despersonalizados establecimientos que repiten lo mismos modelos comerciales en cualquier parte del mundo. Sigue leyendo