Trenza de jamón y mozzarella

Si tienes invitados pero no tienes tiempo, esta es una solución muy rápida y fácil para un picoteo que a todo el mundo agrada. Te sugiero esta modalidad salada, aunque también se puede hacer dulce; sólo tienes que cambiar el relleno por una tableta entera de chocolate negro. Así de sencillo!  Sigue leyendo

Pastel frío de pollo y fiambre

Os proponemos una receta ideal para estas fechas navideñas, en que se suceden las reuniones familiares y de amigos, en muchas ocasiones con niños y casi siempre sin demasiado tiempo. Fácil de preparar y de reservar de un día para otro, es la opción perfecta para una cena ligera, como segundo plato después de unos entrantes calientes o como plato principal de un “picoteo”. Sigue leyendo

Guacamole

Un aperitivo rico y muy fácil. El día que compres aguacates, maduros, podrás preparar este entrante que gusta a todo el mundo. Se vende hecho en muchos supermercados, y en algunos bastante aceptable, pero realmente hay mucha diferencia con un guacamole preparado en casa. La receta que te proponemos desde aquí es muy sencilla, con ingredientes que, aparte del aguacate, puedes tener en tu nevera. Para el picoteo, lo mejor es ponerlo con unos nachos. También queda bien unas tostadas o tortillas de trigo. Sigue leyendo

Ensaladilla tártara con langostinos

Es muy sencilla, agradable, para todos los públicos y… muy fesquita, que ya va apeteciendo… Nos la prepararon como entrante antes de una suculenta barbacoa en casa de unos amigos que son más “gourmets” que nosotros, que conocen nuestro blog y que siempre piensan en aportar algo diferente al mismo. Con mucho gusto la incluyo y la comparto con todos vosotros, pues realmente merece la pena. Salud!

Ensaladilla tártara

 Ingredientes (para seis personas):

  • Cuatro patatas
  • Medio kilo de langostinos cocidos
  • Mayonesa
  • Cebolleta
  • Pepinillos en vinagre o con sabor a anchoa
  • Alcaparras en vinagre
  • Perejil
  • Sal

IMAG1851Preparación:

SALSA TÁRTARA:

  • Picar tres cebolletas, unos cuantos pepinillos, un puñado de alcaparras y una ramita de perejil
  • Mezclar con 250 ml de mayonesa y reservar en la nevera

ENSALADILLA:

  • Cocer las patatas con piel, abundante agua y sal
  • Cuando estén tiernas, refrescar en agua fría para poder pelar
  • Picar en cuadraditos
  • Pilar y picar los langostinos (reservar cuatro para decorar)
  • Mezclarlo todo y servir bien frío (sacar de la nevera media hora antes de servir)

Cocinado por: María Madrid/Adolfo Palacios

Salmorejo

Tengo trece años y desde muy pequeño he demostrado que poseo buena mano con la cocina. Este verano me lancé a elaborar salmorejo y hoy, aunque el calor nos va diciendo poco a poco adiós, me sigue apeteciendo tomarlo a diario. Aquí os dejo una receta realmente muy sencilla que nunca falla gracias a un pequeño truquillo con el ingrediente principal de este plato: los tomates, difíciles de conseguir con el sabor y el color adecuados.

INGREDIENTES

    • Un bote de un kilo de tomates enteros pelados
    • Media barra de pan duro
    • 160 mililitros de aceite de oliva virgen extra
    • Un dedal de vinagre
    • Un pellizco de sal
    • Un diente de ajo
    • Jamón serrano picado
    • Un racimo de uvas o huevo cocido picado

Salmorejo

ELABORACIÓN

  • Sacar los tomates del bote y ponerlos en el vaso de la batidora
  • En el caldo sobrante del bote dejar que se empape bien el pan
  • Añadir al vaso de la batidora el diente de ajo, el aceite, el vinagre y la sal al gusto
  • Batirlo todo muy bien
  • Añadir el pan empapado del caldo de los tomates
  • Volver a batir hasta que quede como una crema
  • Disponer en recipientes para gazpacho o salmorejo
  • Salpicar con unos trocitos de jamón y unas cuantas uvas o con huevo duro picado
  • Servir bien frío

Cocinado por: Alejandro Domínguez

Patatas fritas: una pasión belga

Chocolates, cervezas y mejillones componen los alimentos básicos que cualquier turista que acuda a Bélgica estará a obligado a probar durante los días que prolongue su visita. El cuarto producto que no podrá evitar son sus deliciosas patatas fritas que venden en cualquiera de los puestos ambulantes que aparecen repartidos por todas las ciudades del país. Aquí os ofrecemos cinco claves para entender la pasión que sienten belgas y extranjeros por las patatas fritas que se elaboran en este país.

1.- ¿Quiénes fueron los inventores de las patatas fritas? Belgas y franceses se adjudican el honor de ser los descubridores de este sencillo plato. En Bélgica, una leyenda de 1781 sitúa el nacimiento de las patatas fritas en la región valona de Namur. Allí, sus habitantes se alimentaban con pequeños peces que pescaban en las aguas del río Mosa a lo largo de todo el año, excepto en los meses de invierno. Durante las semanas más gélidas de esta estación, el río permanecía helado, de manera que era imposible la pesca. Es por eso que los habitantes de la zona empezaron a sustituir estos peces por bastones de patata que semejaban su forma y tamaño y que cocinaban fritos, como anteriormente hacían con el pescado. Los franceses, por su parte, sitúan el origen de las patatas fritas en 1789 en París, con los comerciantes ambulantes que cocinaban este producto sobre sus rudimentarios braseros instalados en el Pont Neuf.

2.- ¿Por qué las patatas fritas se llaman ‘french fries‘ en inglés? La teoría más aceptada sitúa el origen de este término a lo largo de la Primera Guerra Mundial. Una de las escasas cosas positivas que tuvo este conflicto, del que ahora se cumplen cien años, es que contribuyó a familiarizar a los combatientes con determinados estilo de vida de sus compañeros de trincheras, que luego se encargarían de difundir en sus países de origen. A lo largo de estos obligados contactos, los soldados británicos se dieron cuenta de que sus aliados en el frente franco-belga aprovechaban los descansos entre batalla y batalla para alimentarse de patatas de fritas. Como sus conocimientos de francés eran bastante escasos, los británicos confundieran a los militares belgas con soldados franceses. De ahí que las patatas fritas sean conocidas como ‘french fries‘. Otra teoría, por el contrario, atribuye este nombre al verbo inglés ‘to french‘, que significa cortar en pedazos. Así, el término, no sería nada más que una abreviatura de patatas cortadas y fritas.

3.- ¿Qué hace diferentes a las patatas fritas belgas? Su proceso de elaboración único y con productos exclusivamente de la tierra. Las patatas fritas belgas se elaboran con variedades exclusivamente del país (Charlotte, Nicola, Plate de Florenville, Ratte…) que se lavan previamente y que después de secarse se cortan en pedazos de aproximadamente un centímetro. A continuación, las patatas se calientan en aceite a 150 grados para que se hagan por dentro. Patatas fritas en Maison AntoineLas recetas más tradicionales utilizan grasa de buey en este proceso, aunque cada vez está más extendido el uso aceites vegetales como el de girasol, que consiguen un producto menos auténtico, aunque con menos calorías. Una vez superada esta primera parte del proceso, las patatas se retiran y se dejan reposar al menos cinco minutos. Luego se vuelven a freír por segunda vez, a unos 180 grados, hasta que adquieran su definitivo color dorado. Finalmente, las patatas se sirven en un cucurucho de papel o sobre un cartón, para que absorban el exceso de grasa, acompañadas de cualquiera de la decena de salsas que existen para aderezarlas.

4.- ¿Dónde se pueden adquirir la ‘frites’ belgas? En cualquiera de las ‘baraques à frites‘ que existen en Valonia o en los ‘frikots‘ de Flandes. Estas casetas o puestos, ya sean fijos o ambulantes, se encuentran repartidos por las principales calles, plazas o estaciones del país. Se calcula que existen más de cinco mil en toda Bélgica. Otro lugar interesante es el ‘Friet Museum’ de Brujas. El centro se encuentra ubicado en un edificio del siglo XIV, en el que se hace un recorrido por la historia de la patata y por el origen de las patatas fritas. Como no podía ser de otra manera, la visita debe acabar con una
degustación del producto.

Quiosco de patatas fritas en Brujas

5.- ¿Quién elabora las mejores patatas fritas en Bélgica? Si quiere probar el sabor de las ‘frites’ belgas en todo su esplendor, lo mejor es acudir a Maison Antoine (Place Jourdan, 1), en Bruselas. Lo que empezó siendo un quiosco ambulante en 1948 se transformó en los años noventa en un puesto fijo al que peregrinan a diario los habitantes de la ciudad y los empleados de la Comisión y del cercano Consejo Europeo para probar las mejores patatas fritas del país. El cucurucho grande, envuelto en tres capas de papel,
cuesta 2,7 euros, a los que hay que añadir los sesenta céntimos de la salsa (no os perdáis la variedad andalouse). Como es habitual, no existen sillas ni mesas para sentarse a comer. Pero no se preocupe. Puede ocupar cualquiera de los veladores de los bares de al lado para degustar las patatas fritas, a cambio de una consumición. Para quien esté más interesado en la historia de esta leyenda de las patatas fritas, lo mejor es acudir a su página web (maisonantoine.be), donde se hace un repaso por su trayectoria: desde los personajes famosos que las han degustado (la familia real belga o el rockero Johnny Halliday, entre otros), a alguna de la películas que han utilizado el quiosco como escenario o al artículo del New York Times que consagraba su producto como “the best french fries of the world”. Otros sitios interesantes para adquirir una ración de patatas fritas son Fritland (Rue Henri Maus, 49), en uno de los laterales de la Bolsa de Bruselas o los dos quioscos verdes que se encuentran justo debajo del Belfort, en la plaza del Markt, en Brujas.

Maison Antoine. Bruselas

Autor: José Antonio Gallego

* La fotografía pequeña está extraída de la página web de Maison Antoine

Pan de trigo y centeno con masa madre

Sin en la anterior entrada os enseñaba el proceso de elaboración de una masa madre natural, ahora es el momento de que aprendamos a hacer un pan fermentado con ella. Como veréis, el proceso es un poco largo. Así que habrá que tomárselo con calma. Si no podéis hacerlo todo el tirón, os recomiendo que una tarde elaboréis la masa, que luego la dejéis terminar de fermentar en el frigorífico y que al día siguiente la saquéis con un hora de antelación, antes de hornearla. Para elaborar este pan he utilizado harina panificable con un diez por ciento de proteína, a la que ha añadido un poco de harina integral de centeno para potenciar el sabor del pan. Esta receta es fruto de mi experiencia personal, aunque básicamente sigo la enseñanzas que aprendí de un curso que seguí en el centro social y cultural A Punto, en Madrid (apuntolibreria.com) y las que he extraído de libro de Ibán Yarza ‘Pan casero’, un manual indispensable en la casa de cualquier panadero aficionado.

Pan de masa madre 4

INGREDIENTES

  • 400 gramos de harina de trigo
  • 100 gramos de harina de centeno integral
  • 300 mililitros de agua fría
  • 200 gramos de masa madre lista para usar
  • 12 gramos de sal fina

 ELABORACIÓN

  1. Mezcla en un bol los 400 gramos de harina de trigo y los 100 gramos de harina de centeno integral con los 300 mililitros de agua fría. Deja que todo repose, bien tapado, entre media hora y cuarenta y cinco minutos.
  2. Transcurrido ese tiempo, la masa resultante presentará un aspecto liso. Es entonces cuando debemos mezclarla con la masa madre. Al término del proceso le incorporamos la sal y volvemos a mezclar todo.
  3. Ahora viene el proceso de amasado. Pliega la masa sobre si misma durante tres o cuatro minutos y déjala reposar unos diez minutos. Repite la operación tres o cuatro veces más.
  4. Coloca la masa en un cuenco untado con un poquito de aceite y déjala que fermente durante tres horas.
  5. Pasado ese tiempo, vacía el resultado sobre una mesa enharinada y dale a la masa un ligera tensión boleándola con suavidad.
  6. Déjala fermentar en el interior de un bol cubierto con un trapo enharinado. A veces, que no tengo un trapo a mano, también he utilizado papel de cocina especial para el horno. También puedes emplear un colador en vez de un bol.
  7. Al cabo de tres horas, la masa habrá ganado volumen. Para comprobarlo, cortamos ligeramente la superficie. Tendremos que ver entonces la miga. En caso de que no sea así, espera un poco más.
  8. Finalmente pasamos al horno. Dejamos nuestro pan sobre una rejilla que previamente habremos cubierto con papel de hornear. Le hacemos una cuantas hendiduras al gusto a la superficie de la masa, lo que también nos servirá para saber si ha creado miga, y la introducimos en el horno que previamente habremos precalentado a 250 grados durante diez minutos. Luego dejamos que nuestra masa se caliente otros diez minutos a la misma temperatura. Es necesario que al principio el horneado esté acompañado de mucha humedad, ya que el pan solo crece durante los primeros minutos de la cocción. Para ello verteremos un vaso de agua sobre una bandeja metálica, a ser posible llena de piedras refractarias (son muy baratas y se pueden encontrar en cualquier establecimiento tipo Leroy Merlín). Yo aprovecho estos primeros diez minutos para tener solo encendida la resistencia inferior. También se puede apagar las dos resistencias si nuestro horno no es muy sofisticado. El horno conservará su temperatura. Transcurrido ese tiempo, retiramos la bandeja con las piedras y dejamos que la masa se haga unos 45 minutos a 200 grados ya con las dos resistencias encendidas. Con una cazuela de hierro, tipo Le Creuset, podemos ahorrarnos parte del proceso anterior, ya que la tapa de este tipo de recipientes evita que tengamos que crear vapor por nuestros propios medios. Un último consejo. Si veis que no habéis conseguido una corteza lo suficientemente grande y crujiente podéis dejar un poco más el pan, aunque tendréis que ir bajando progresivamente la temperatura para que no se queme. En fin, ya tenéis vuestro pan listo para compartirlo. Eso sí, os recomiendo que los dejéis enfriar un poco. A mi me gusta disfrutarlo cuando aún mantiene un poco del calor original, aunque lo más puristas defienden que esté completamente frío para captar todos sus matices.

Cocinado por: José Antonio Gallego