La Villa de Teguise acoge Soborea Lanzarote 2016

teguise soberea lanzarote españaLa Villa de Teguise acoge este fin de semana la sexta edición del Festival Enogastronómico Saborea Lanzarote. Este año, el certamen estará centrado en el mar y la gastronomía sostenible y contará como novedades con la presencia de la marca Saborea España y representantes venidos de Valladolid, Vinaroz (Castellón) y Tenerife y con la denominada Casa del Producto Canario, ubicada en el Palacio Spínola. Esta última pretende acercar a los profesionales y al público en general los mejores productos de la islas, desde sus quesos a su vinos, pasando por los aceites o cervezas especiales, a través de degustaciones o catas. Las otras áreas que componen el festival son el Gastro Market (con cerca de setenta expositores, entre los que se incluyen restaurantes, bodegas, queserías y establecimientos de productos tradicionales), el Aula Saborea Lanzarote y el Mercado del Productor (con demostraciones de los mejores restauradores locales y donde se pueden comprar algunos productos de la isla como mermeladas o gambas de La Santa), el Aula del Gusto (en la que estará presente Paco Pérez, el chef con cinco estrellas Michelin), el Aula Chinijo Chef (para que los más pequeños puedan tener su primera experiencia culinaria de la manos de Lluc, concursante del programa de televisión ‘Master Chef Junior’) y Teguise Gastro (una zona alternativa en la que caben desde charlas a eventos culturales, pasando por degustaciones de tapas). De acuerdo con los organizadores, el Festival espera la visita de cerca de veinte mil personas.

Caldo millo con costillas

El caldo de maíz o millo, como se conoce en las islas por influencia portuguesa, es uno de los platos más típicos de Lanzarote. Que se sepa, el millo ya estaba presente en Canarias desde el siglo XVI. No en vano, el maíz fue uno de los primeros alimentos americanos en llegar a Europa. El propio Cristóbal Colón lo trajo a España en 1493, después de su segundo viaje al Nuevo Continente, y en pocos años se convirtió en un producto perfectamente adaptado al clima de Lanzarote. Allí encontró temperaturas entre los veinte y los treinta grados, ideales para su crecimiento, además de unos suelos que no son demasiados arcillosos ni arenosos, lo que impide que salga adelante. Con todos estos elementos a su favor y gracias a su capacidad para soportar un cierto grado de salinidad, el millo experimentó un rápido crecimiento en Lanzarote. Al principio, se utilizó como forraje para los animales, aunque las hambrunas hicieron que poco a poco se convirtiera en un alimento muy apreciado por la escasa población de la isla. El maíz dio origen en primer lugar a productos sencillos como el gofio y con el paso de los años a platos más elaborados como éste que ahora nos ocupa. El caldo millo sigue siendo uno de los estandartes de la comida conejera en familia, aunque lo cierto es que resulta más difícil degustarlo en los restaurantes. Quizás porque cada vez es más complicado encontrar maíz desgranado en las tiendas, debido a la drástica reducción que ha experimentado este cultivo en la economía de una isla que prácticamente se basa ahora de manera exclusiva en el turismo. Y es que para elaborar el caldo de millo no vale con ese maíz dulce que nos venden en los supermercados, sino que tendremos que disponer de ese maíz de toda la vida, completamente seco, que luego tendremos que ablandar a través de un proceso de cocción. Esta que viene a continuación es la receta que me enseño mi madre y que su a vez le enseño su madre a ella, hace ahora ya mucho tiempo.

Caldo millo Sigue leyendo

Paella mixta en la isla de Alegranza (II)

Camino de Punta Delgada

Ante la perspectiva de salir otra vez magullado, opto por dar un paseo en solitario por el sendero que conduce hasta el faro de Punta Delgada, mientras mis acompañantes comienzan a acomodarse con sus toallas sobre las arenas rojizas de la playa. Con dificultad, alcanzo finalmente el camino, que transita en un principio paralelo al barranco de la Vista. A la izquierda queda el volcán la Caldera, al que se puede ascender a través de un camino construido sobre la roca durante los años de la Primera Guerra Mundial y a la derecha la llanura de la Vega, donde antiguamente se cultivaba el grano. Hoy en día no queda ni rastro de aquellos campos de trigo. Tampoco de la cebada que dicen que se enviaba a Las Palmas para hacer cerveza. Todo se encuentra invadido por pequeños arbustos adaptados a las escasas precipitaciones que se registran en la isla. Apenas aprecio ninguna huella de los cerdos que hubo en su día. Ni siquiera de las cabras que pastaron por Alegranza. Con su leche, dicen, los medianeros elaboraban un sabrosísimo queso que como casi todo en esta isla es tan solo un recuerdo cada vez más difuminado en la memoria de la que gente que pasó por estos lugares. Como también son un recuerdo las vacas que un día desembarcaron en la isla y que eran capaces de ascender las laderas más empinadas para buscar los pastos más escasos y sabrosos. Y como no, los dromedarios. Bueno, aquí les llaman camellos y aunque fueron traídos a Lanzarote desde las costas africanas después de la conquista, hoy son tan habituales en el paisaje de esta isla como otros elementos importados como puedan ser las tuneras, las palmeras o las araucarias. En Lanzarote, los camellos se utilizaban para labrar la tierra, aunque eso fue hasta más o menos los años ochenta, en que el auge del turismo los condenó a convertirse en un simple divertimento para los viajeros venidos del Reino Unido, Alemania o Noruega que visitan Timanfaya. En Alegranza nunca pasaron de esa función agrícola, ya que, según me dicen, los escasos desplazamientos de sus habitantes se hacían, por lo general, a pie o a lomos de un burro. Pienso en lo difíciles que serían las condiciones de vida en este pequeño pedazo de tierra volcánica y en el gran valor de las personas que un día se vieron impelidos a vivir aquí. Aunque más que valor, supongo que sería pura y simple necesidad.

Alegranza Sigue leyendo

Paella mixta en la isla de Alegranza (I)

Alegranza

De manera, más o menos oficial, puede decirse que Alegranza está deshabitada desde 1970. Fue entonces cuando el último medianero de la isla se vio obligado a abandonarla, después del escándalo generado por la publicación en el extinto diario Pueblo de un artículo sobre las duras condiciones de vida de su familia. Cipriano Acosta, que así se llamaba el aparcero en cuestión, su mujer y sus dos hijas regresaron a Ye, en Lanzarote, siguiendo los pasos que dos años antes habían emprendido los responsables del faro de Punta Delgada, después de que se hubiera automatizado esta instalación. Las risas, las voces y los llantos desaparecieron de Alegranza y la isla quedó a merced de los vientos y de las olas que azotan desde tiempo inmemorial este exiguo pedazo de tierra volcánica de poco más de diez kilómetros cuadrados de superficie. Así, sola y alejada de los grandes flujos turísticos, ha permanecido desde entonces. Como un enorme animal marino surgido del mar, con el que se topan a diario los buques que arriban a Canarias procedentes de Europa. Alegranza es la primera de las islas occidentales que se encuentran en el camino. De ahí, quizás, el origen de su nombre. Dicen Torriani y Abreu Galindo  que Alegranza no sería sino el grito de exclamación pronunciado en 1402 por los mercenarios de la expedición de Jean de Béthencourt, cuando encontraron tierra firme después de un periplo agotador en pos de la conquista de Lanzarote. Una hipótesis que tiene mucho de poético, aunque los hechos de verdad lo desmientan. Que se sepa, el nombre ya aparecía en los mapas que circulaban por Europa medio siglo antes. Por eso la teoría más plausible es aquella otra que dice que el nombre le habría sido otorgado por algún geógrafo de origen transalpino, en honor de una de las dos galeras de la expedición de los navegantes Ugolino y Guido Vilvaldi. Estos dos hermanos italianos partieron en 1291 el puerto de Génova con la intención de encontrar una nueva ruta con la reactivar el comercio de especias, después de que los bastiones cristianos en Tierra Santa hubieran caído en manos musulmanes. Aunque es poco en realidad lo que se sabe sobre la travesía de esta expedición, por lo que parece las tripulaciones habrían alcanzado el cabo de Juby, en el extremo meridional de Marruecos, a pocos kilómetros de Alegranza. A partir de ahí su pista se pierde, por lo que son muchas las teorías que se han escrito sobre la misteriosa desaparición de la ‘Allegranza’ y la ‘Sant’Antonio’. Unos defienden que habrían llegado hasta Senegal, otros que se hundieron después de una tempestad y otros más que los barcos habrían naufragado frente a las costas de la isla. Fuera lo que fuese, lo cierto es que no es difícil imaginar que aquellas dos galeras pudieron haber acabado despedazadas frente de los acantilados de isla, sobre todo ahora que nos acercamos hasta sus inmediaciones. Sigue leyendo

Almogrote y potaje de berros en la isla de La Gomera (I)

Barrancos inaccesibles, un sistema de comunicación ancestral y un bosque húmedo y relicto Patrimonio de la Humanidad desde 1986. Son algunos de los valores intrínsecos de los que pueden presumir los habitantes de La Gomera. La isla colombina, tan íntimamente unida al descubrimiento de América, como castigada por los incendios a lo largo de este pasado verano, continúa siendo un lugar un tanto alejado de los grandes movimientos turísticos que sacuden anualmente Canarias. Un lugar que merece la pena conocer despacio, saboreando la conversación con sus vecinos y degustando algunos de los platos que han hecho famosa a su gastronomía, como el potaje de berros, la miel de palma o el almogrote.  

Sigue leyendo